Tengo una habitación a la que llego a pernoctar, mirar la pantalla de televisión e inmiscuirme en pensamientos dañinos. Es mi espacio sagrado, el " checkpoint" de la vida, pero lo ha sido ya por un par de décadas y a veces me cuestiono si esto es viable a largo plazo. Tantas transformaciones han tomado lugar a través de los años que el sitio se ha vuelto casi irreconocible. La televisión ya no transmite programas de comedia ni películas de acción ni comerciales molestos musicalizados con " jingles" rancios... La señal naufraga en estática infinita sin ton ni son. El servicio de cable se dejó de pagar hace mucho, lo mismo sucede con las luces; los bombillos se quemaron y a nadie le importa. No hay lámparas tampoco, cada vez que llego a casa enciendo la tele y me conformo con esa luz tenue que transmite paz y estabilidad para poder cambiarme de ropa y llegar hasta la cama. El ruido blanco que emana del aparato me sirve luego para dormir porque es estable y uniforme....