El cine de terror quizás no esté pasando por su momento más brillante.
Resulta muy evidente que para producir una película del género es casi exigible
apegarse a una determinada fórmula que "asegure el éxito". El
problema de esto es que mientras otros géneros cinematográficos pueden basarse
en una plantilla predeterminada y funcionar, en el caso del terror ello resulta
contraproducente.
¿Qué es exactamente el miedo? Una respuesta biológica ante el peligro, y este último surge de los escenarios amenazantes. Siempre se ha dicho que el miedo se desata en el momento en que el ser humano se enfrenta a lo desconocido, pues no sabe cómo reaccionar al respecto y por ende, se configura una amenaza. Este simple concepto es algo que Hollywood no parece entender del todo, ya que por más copias a calca que se hagan de El Exorcista (1973), se está pasando por alto el hecho de que a pesar del impacto que ese filme provocó en su día, ya el público lo ha digerido a estas alturas. Actualmente es de conocimiento general lo que sucede en esa historia, como se desarrolla y como termina, de modo que pretender asustar presentando un producto de similares características ya no es de recibo.
Por miedo se han matado a millones de personas a lo largo de la historia. El miedo al Diablo es quizás uno de los más arraigados en la psique humana, pero no entender del todo lo que es el Diablo o lo que representa exactamente es lo que ha provocado verdaderas catástrofes e injusticias. Ese tipo de temor es en lo que una buena película debería ser capaz de indagar. Los recursos facilones basados en sustos o cuasi sustos (saltos, que el volumen aumente en cierta escena para crear tensión, pero que al final no suceda nada importante) deberían ser regulados un poco más.
Historia de lo Oculto (2020, dirección por Cristian Ponce) no es una película perfecta, pero es muy atinente en su comprensión del terror. Todo su guion se basa en la incertidumbre, en el misterio, en las preguntas sin resolver, en la oscuridad... Puede que incluso abuse un poco de estos elementos, ya que, al finalizar el largometraje, no se entiende muy bien que fue lo que sucedió o que es lo que el director quiso decir, pero la intriga resultante es retorcidamente satisfactoria en sí misma.
El filme nos presenta un relato relacionado a un programa de televisión, un segmento que aparentemente lleva varios años al aire y que se transmite 60 minutos antes de la medianoche. Ya en este punto, las analogías son de lo más interesantes porque lo propuesto parece jugar con otro tipo de ideas, como, por ejemplo, el reloj del apocalipsis (lo cerca que está la humanidad del fin del mundo, ya sea por desastre nuclear o por otros motivos (actualmente en 2024 estamos a 90 segundos).
Resulta que este programa está a punto de celebrar su última transmisión y para ello, va a recibir la visita de un personaje muy especial, un supuesto brujo que sabe ciertas cosas que la población común ignora. No obstante, a pesar de que se hace lo posible por entrevistarlo, sus respuestas no arrojan luz sobre nada concreto ni son convincentes desde ninguna óptica.
Mientras tanto, en lo que todo esto sucede, se va desarrollando una trama secundaria (o mejor dicho, complementaria), la de un grupo de personas que miran el programa y planean una especie de complot para detenerlo porque luego de la medianoche sucederá algo que no debe suceder si la transmisión sigue su curso y llega hasta el final... Ellos necesitan apoderarse de cierto objeto antes que nadie. Para asegurar el éxito de esta operación, conectan con una mensajera que de vez en cuando llama desde un teléfono público para describir aparentes sinsentidos, como si se estuviera comunicando en código secreto.
Es interesante acotar que, el espacio temporal de esta película es una versión alternativa de los años 80, un detalle que incluso es referenciado por los anuncios de la televisión (describiendo a Islas Malvinas como un paraíso vacacional). El Brujo además parece sugerir que posee influencia satánica en política, algo que es para reflexionar si se buscan comparaciones con el mundo actual y la manera en que está siendo manejado (o incluso sobre como lo estaba siendo hace unas cuantas décadas).
El estilo "analog horror" también se manifiesta en la elección de la época para ambientar la historia, a pesar de que parece no haber entera satisfacción con la totalidad de elementos que esa Era tuviera para ofrecer (se deduce por la necesidad de modificarla). La película está rodada en blanco y negro y solo adquiere coloración en momentos puntuales, como cuando los personajes consumen drogas. No obstante, ciertas apreciaciones culturales de ese período en particular son rescatadas y aprovechadas, una de las más evidentes es el famoso "pánico satánico", el miedo generalizado de la sociedad ochentera por el hecho de que la juventud se perdiera en la influencia del maligno por contribución de la cultura popular, de juegos de mesa malsanos, las películas slasher y los discos de Heavy Metal.
Reconocimiento aparte merece la banda sonora (por parte de Marcelo Cataldo) compuesta de piezas instrumentales tanto orquestadas como sintéticas (algunas que pasan por "jingles" para presentar la publicidad en televisión y servir como tema de apertura de 60 Minutos Antes de la Medianoche) que ofrecen una mezcla perfecta entre misterio, incomodidad e incluso nostalgia.
A punto de terminar el programa, descubrimos que el tal ítem enigmático que los protagonistas estuvieron intentando conseguir desde hace más de una hora y que finalmente es llevado al estudio de grabación gracias a la chica informante es un teléfono celular... Negro y uniforme, como el monolito de 2001: Odisea del Espacio y tratándose de un objeto que parece ser ignorado por el presentador del programa, pero provoca un notorio cambio de ánimo en el brujo, quien se muestra alterado... Y luego desaparece.
El Smartphone, claramente fuera de lugar en el contexto de la película termina por generar un efecto inquietante con la desaparición del brujo y el dotar de color al filme para una única escena definitiva. Lo que nos deja este proyecto es la cabeza dando vueltas, ya que a pesar de que nos hayamos sentado durante la totalidad del largometraje, no podemos sacar una conclusión contundente de lo que sucedió, pero si nos queda una gran cantidad de material para interpretar y discutir con otros espectadores según nuestras propias creencias, apreciaciones y convicciones.
No se trata de una historia que nos ofrezca todo servido y listo para digerir, sino más bien de una que nos da la oportunidad de otorgarle el sentido que personalmente consideremos conveniente y discutirlo con terceros. No pasa nada, si usted no entendió de que va la película con la reseña que acabo de hacer, entonces mi trabajo se ha cumplido satisfactoriamente, ya que al menos he generado la curiosidad necesaria para que se le vaya a dar una oportunidad.
Excelente película y 100% recomendada. Su duración es de poco más de una hora, por lo que no interferirá con tareas cotidianas.



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