(NOTA DEL AUTOR: El texto que se podrá leer a continuación fue redactado originalmente en 2017. Se trata de un cuento que se escribió con dos objetivos en mente; Primero, hablar sobre una condición de salud que me estaba atormentando en ese entonces (tinnitus) y segundo, determinar si yo contaba con talento para la escritura, por lo que eventualmente se buscaría la forma de que algún medio lo publicase. El texto es de naturaleza experimental, pero contiene descripciones y analogías relacionadas a lo que estaba sucediendo en mi vida por aquel entonces. En 2018, un sitio web bajo el nombre "Revista Antagónica" accede a publicarlo, aunque desafortunadamente la página ya no existe. Durante los últimos 6 años, el relato ha permanecido prácticamente en las sombras siendo que a partir de hoy se rescata para que se encuentre disponible en el blog y cualquier persona pueda accederlo. Aprovecho este pequeño espacio para enviar saludos a Jon Juárez, persona encargada de realizar el dibujo de portada, pero de la que no tengo mayor información. Gracias, en donde sea que esté...).
*
Constantino es el nombre del personaje que nos ocupa en este relato, y que
adecuado resulta porque "constante", palabra más fonéticamente similar, es
la que describe perfectamente la situación que aqueja a nuestro particular
protagonista. Constantino sufre de tintineo constante que se manifiesta en
sus oídos. Campanadas fantasmas que no llegan a ser percibidas por nadie
más que por él mismo. Tintineo que a veces se intensifica en rugido, y otras se
disminuye a un tenue silbido; Un síntoma más de alguna enfermedad
inexistente.
En ausencia de enfermedad, el único síntoma vino a llenar el lugar. En síntoma
se mantiene, porque no posee por su cuenta el poder de matar o dañar
considerablemente al organismo... Pero al ser tan molesto y de tan letal
resultado en la psique... No desentona afirmar, siendo objetivos, que muchos
otros malignos padecimientos palidecen ante éste en apariencia
insignificante vestigio y, sería preferible cargar con esos antes que cargar
con tintineo constante.
En este caso, tintineo se le dice al sonido resultante del choque de metales. No
obstante, se habla también en algunas ocasiones de zumbido o martilleo, de
golpe seco y rasgueo para identificar al extraño fenómeno. Cientos de tipos
existen, pero todos ellos siempre con la característica de pausar el presente
y mantenerlo alimentado con terror e incertidumbre por siempre. Incontables
individuos conviven con el efecto de forma estática. Es parte de lo que
"musicaliza" su cotidianidad y es algo muy real, pero ignorado usualmente por
la gran mayoría de la comunidad. Una eternidad incomprendida e indeseable
en general.
Ahora bien, una acotación. Frecuentemente la denominación del personaje
principal es contraída a la mínima expresión por conocidos, consanguíneos y
otros individuos de relevancia circunstancial. Le apodan simplemente "Tino"
para establecer con ello un ambiente de calidez y confianza. Cumple este la
función pues, de cualquier otro diminutivo. Nosotros de igual manera
utilizaremos Tino de aquí en adelante para referirnos a él. Esto por cuanto, se
hace necesario acortar la pronunciación de su identidad, para no gastar
valiosas letras y dar un mejor enfoque a la misión específica de hacer conocer
su sofocante malestar.
Regresando entonces a la condición de Tino, bien podría esta pasar
ignorantemente por un cuadro de esquizofrenia. Si se comenta a otras
personas que uno suele escuchar cosas que nadie más parece captar,
evidentemente este diagnóstico ridículo será el primer escenario a
considerar. Posiblemente Tino se decantaría por ser un inestable mental,
reconocido antes que una víctima de ruidos que le quitan el sueño y que, al
parecer no proceden de ningún lugar.
Mala suerte la que tuvo... La verdad, es que la comparación no hace justicia. Si
fuese esquizofrénico no sería muy feliz, pero al menos, tendría la posibilidad
de controlar sus tormentos mediante medicamentos. Por otro lado, al estar
consciente de la presencia de invisibles campanas nocivas, por desgracia, se
encuentra sumido en un purgatorio figurativo coexistiendo con antenas
parabólicas de transmisión defectuosa que emiten melodías deformes de
nunca acabar. No existen medicamentos, ni siquiera terapias para tan
estresante estática disonante.
En algunas ocasiones, los menos afortunados son elegidos por la ruleta rusa
del destino para portar esta maldición sin ninguna razón aparente. Ese no es
el caso de Tino. Él tiene totalmente identificado el momento preciso en el que
se contagió de disonancia... Y le ocurrió sencillamente por imprudente.
Ocurrió a raíz de una presentación musical a cargo de Manifiesto
Escandaloso, ese grupo curioso del que todos hablan. Ahora es cuando Tino
entiende que, ser aficionado a los decibelios y al volumen insolente haya sido
tal vez un desatino.
Esta banda es interesante, por decir lo menos. Además de hacer llegar la
sonoridad a niveles poco saludables, acostumbra terminar sus espectáculos
con la destrucción del equipo musical mediante golpes, con herramientas
desechables y la instalación de explosivos. Una demostración salvaje, pero
que tiene como objetivo llevar a los espectadores por un viaje que les hace
sentirse, por un rato, vivos. Nada de qué alarmase, sencillamente el atractivo
exótico por el que tantos psicóticos pagan. Es de hecho esto, el clímax del
concierto y cierto, resulta que tal momento se resalta de entre el resto.
A partir de ahí, fue donde dio inicio la espiral descendente hacia la locura. Tino
regresó a su casa aquella noche con una calentura, una pesadez en la cabeza
que no era tan frecuente y, un pitido resultante de todos los excesos sónicos
que había absorbido, el cual maltrataba insistentemente sus sesos. Pensó
que eran los frutos del éxtasis de la noche y procedió a dormir haciéndole
oídos necios. Luego de eso, no volvió a despertar sin que la primera sensación
del día fuera siempre, las ansias por una más silenciosa vida...
Lamentable es que Tino era (es) de hecho una persona preparada
académicamente. Es filólogo, pero desde que el silencio le abandonó
definitivamente se ha convertido en un caso digno de psicólogo. Encuentra
imposible leer con el mismo entusiasmo de antaño y la adversidad le impide
pensar detenidamente en los textos, para estructurar un análisis que
permanezca para la posteridad. El hecho le mata de desesperación e
incomodidad. La situación llegó a tal punto, que Tino ha decidido no seguir con
su trabajo y buscar una nueva cotidianidad que se adapte mejor a sus
necesidades. Algo que le permita superar las dificultades.
Comprende que, por el momento, su problemática carece de soluciones
claras y a corto plazo. Pasando la tarde de manera casual en su vivienda,
frustrado y desesperanzado, se desvanece en un diván y fuma uno de cuatro
cigarrillos mentolados.
-"Es Frustración en su máxima expresión. Fastidio. Es como mosquitos en
abundancia, que arruinan una noche tibia"- Formula con relativa desidia.
Repite la secuencia con cierta frecuencia, frase incluida. El futuro pinta mal,
con colores desteñidos y baja calidad. Sinceramente no es poco lo que se ha
intentado para neutralizar la molestia, todo sin éxito. Durante algún tiempo,
Tino pensó en llegar a encontrar la cura definitiva, por medio de una
investigación no muy exhaustiva con apoyo de diversas fuentes (Internet),
pero la información es escasa y decepcionante. "No hay cura" es lo que
siempre se lee, y resulta cada vez más razonable para Tino ver que quizás,
una actuación aparentemente insignificante en un momento determinado de
la existencia, puede provocar una perturbación en la mente que se pague con
la eterna tenencia de la consecuencia. Ha sido condenado. Ya no hay vuelta
atrás, vive con ello, no lo cuestiones. Adiós (por ahora).
**
De vuelta a la realidad. Tino hablaba en serio cuando proclamaba que su vida
debía ser reinventada. No obstante, no tenía aún ningún plan trazado e
inevitablemente quedó en nada. Lo que sí hizo fue dejar de lado su oficio y
dedicar las horas vacías que, ahora le sobraban, a dejar volar su imaginación
e intentar dirigirla hacia algún puerto provechoso, todo ello, claro, siempre
con su orquesta omnipresente de ruido blanco como anti música de fondo.
Es llamativo que, uno de los remedios temporales que se discuten para no
ceder a la exasperación de la canción sin ritmo y sin final, es precisamente
ahogar este sonido con algún otro de manifestación uniforme, pero, mayor
intensidad. Es un alivio temporal, y dependiendo de la persona puede no
funcionar demasiado bien. Sin embargo, hay quienes le deben su cordura a
este método, y su alegría también. De hecho, ciertos tipos de estridencia
unidimensional, y de baja magnitud son en efecto relajantes. El caos surge
cuando, no hay interruptor de apagado y no se tomaron precauciones
pertinentes desde antes (para evitar que se instaurara).
Tino descubrió que, no muy lejos de su hogar, se hallaba un bosque. Ahora que
era desempleado, podía permitirse deambular por los alrededores y poner
atención a detalles menores, que antes se le escapaban entre los coladores
del diario vivir. El lugar era una pequeña reserva, pero con sitios interesantes
y llenos de calma en su interior. Entre senderos disparejos, algunos muros de
ladrillo cubiertos por hojarasca y lagunas de cierta belleza, sintió que tal vez
no era tan necesario ser extremo y como en un principio consideró, mudarse
hasta Alaska (por ejemplo…).
Al acudir constantemente a este lugar, Tino fue capaz de relajarse algo,
aunque ciertamente la ausencia de soluciones definitivas le obstinaba y
habitualmente le orillaba a sucumbir a la desesperación. En todo caso,
intentaba no dejarse vencer por el mal que le aprisionaba. Una de las cosas
más interesantes que encontró en aquel bosque, aparentemente
abandonado, fue la presencia de una catarata cerca de las rocas y la
vegetación que le dejó maravillado.
Durante muchos días y muchas noches, Tino permaneció en las piedras,
hipnotizado por el mecanismo de dicha cascada. Resultó ser que, el sonido
envolvente de la fuente, era capaz de camuflar los tintineos y procurarle, por
momentos, algo de paz en su mente. La estación radial de frecuencia dañada
en su aparato auditivo, seguía emitiendo sin descanso melodías de pobre
fidelidad, pero por un rato era posible ahogarle en algo mucho más grande y
convenientemente, ese algo se relacionaba con paz y majestuosidad.
La resonancia del líquido golpeando contra sí mismo, creaba una atmósfera
muy acogedora. El agua ahogaba las campanas descompuestas, y congelaba
el momento, para formar una burbuja de protección contra el huracán
interno, lo cual ciertamente era una mejora. Finalmente, algo de serenidad y
descanso. Escuchar atentamente la orquesta acuática era entretenido,
terapéutico, evocador y combatía a su manera, la problemática.
Lamentablemente, todo método de escape momentáneo de la realidad,
eventualmente caduca, pierde su brillo y no es este un caso distinto. La fuente
marina no era más que un bache en el daño. No era suficiente para
considerarle extinto. Con el transcurso de las semanas, Tino sentía cada vez
más la necesidad de presentarse ante el sitio, y ahogar sus penas por medio
de agua que no consumía por su boca, sino por sus oídos. Cuando debía
retirarse, un síndrome de abstinencia se manifestaba en su humor y le
provocaba terribles episodios de demencia. Estos le obligaban a hacer del
bosque, su nueva residencia. Algo que, ciertamente, terminó ocurriendo a
plena conciencia.
Una vez establecido, Tino empleaba horas en degustar y comprender la
esencia de la cascada. No solo desde una óptica visual, sino por medio de
todos sus sentidos, haciendo de la experiencia algo casi espiritual. Algo que
requería un esfuerzo total y de la cual, a cambio, se obtiene una satisfacción
del mismo calibre. Embriagado de agua, y por fin empezando a sentirse libre,
advirtió que, el ritmo continuo de la circulación de fluido, se había
transformado en algo casi musical, como una sinfonía. Cada variación: los
cambios de velocidad, el espontáneo quiebre de alguna rama, o el choque de
piedras que resbalaban y se encontraban con algún otro objeto desperdigado
en la hierba... Todo contribuía a enriquecer el gran conjunto orquestado con la
colaboración de líquido vital.
Y en esas condiciones, reflexionaba. Para eliminar momentáneamente el
suplicio, se requería no solo de los ecos de la naturaleza, sino que, además,
debían complementarse con la distracción general. Enfocar los
pensamientos hacia algo que, le hiciera pasar por alto la estridencia
imaginaria indeseable. En tales circunstancias, Tino comenzó a torcer su
imaginación hacia rincones oscuros y a divagar peligrosamente en corrientes
de pensamiento densas y pantanosas. La ciénaga intelectual que le envolvía,
contribuyó a inclinarle a maquinar reflexiones siniestras, y la pesadez
lúgubre del entorno boscoso en que se encontraba inmiscuido, colaboró
enormemente a oscurecer sus observaciones y a encontrarle cada vez más
desinhibido. Era evidente que cada vez se acercaba más el momento...
-"Interesante observar cómo, la sustancia acuática, se moviliza siempre
hacia delante... Y por mi parte, deseando utópicamente que yo mismo pudiera
acabar con esto tan solo el año o incluso mes entrante... Si tan solo pudiera..."-
Manifestó con tono imperante.
En realidad, no siempre. Tal sustancia es como el tiempo. Se supone que debe
avanzar en una dirección, pero siempre encuentra la manera de bifurcarse,
desviarse, transformarse, dar vueltas y volver al mismo lugar. Los caminos
que toman son infinitos y pueden ser desde ramificados hasta cíclicos tal cual
eclipse lunar. El vivir, también es algo complejo. Si careciéremos de memoria,
se podría afirmar que siempre nos movemos en un plano sin deshilachar...
Pero, los recuerdos del pasado y las fantasías del futuro, gastan también
nuestros minutos y no es raro, encontrar casos de personas que,
técnicamente pasan la mayor parte de su tiempo en un pasado idealizado o un
futuro osado. Reproducidos eso sí, con la colaboración de sus malgastados
cerebros, que realizan una deplorable labor de interpretación de algoritmos,
de experiencia recolectada a través de los días y horas.
Habiendo comprendido, las posibles direcciones en que se iba a dirigir su
historia de este punto en adelante, y negándose a ser poco más que un
depositario del ruido de manera tajante, Tino ha tomado una decisión.
Mientras contemplaba la caída de agua, reflexionó a mayor profundidad y la
solución a su molestia, fue tan clara como la cristalina ausencia de color de la
susodicha sustancia componente de suero salino. Entre el ataque interno de
sonidos interminables, que provocaban desorganización de pensamientos e
ideas, un rayo de luz, una idea que nace completamente formada, le mostró a
don Constantino por una fracción de segundo, sin mayor complicación y sin
mayor adorno... Lo que debía proceder.
Acabar con la molestia, acabar con el descuido, acabar con la bestia... Acabar
con el zumbido. La única opción de sobreseimiento de la condena, era apagar
la llama de la realidad y Tino convenientemente entendió que, dadas sus
circunstancias, la mejor forma de hacerlo era con la aplicación de disolvente
natural. Este apaga la llama, apaga el fuego, y en este caso, colaboraría con
mover los engranajes para encender el mecanismo que llevaría a cabo la
liquidación por medio de líquido vital, siendo finalmente este su método
elegido.
Acto seguido, Tino se zambulle en el portal marino. Acción esperable y
entendible de quien huye de un algo, mucho más grande que, en este caso, le
sobrepasa y le vence. Conforme es consumido por el elemento constituyente
de la cosmogonía, siente algo de miedo, pero también algo de dulce agonía. Al
parecer, si existe una solución a lo que, en principio, consideró una completa
perdición. No la alternativa que hubiese querido, pero efectiva, a fin de
cuentas. En incontables ocasiones, consumió agua con el objetivo de que esta
le asegurará su supervivencia, y resulta en extremo irónico, que ahora ese
mismo elemento es el que le consumirá a él y le pondrá un alto a lo que,
técnicamente hablando, se entiende por el acto de sobrevivir.
En efecto, la combinación poco fatal en principio de oxígeno e hidrógeno,
empezó a borrar poco a poco las líneas de la realidad, tal cual disolvente de
pintura ataca una obra de arte y la reduce a manchas de forma indeterminada.
Conforme pasaban los minutos, Tino se fue sintiendo cada vez, un poco mejor,
en el sentido de que las molestias que habitaban en su mente, iban perdiendo
definición y sentido. Ahora, era un mero objeto en la laguna que le cubría, y el
agua helada bajo cero le conduciría a un estado de descanso necesario y
merecido, aunque para el mundo exterior, no significara nada.
Tino mantenía cierto discernimiento, y eso le permitió darse cuenta de que, si
bien no había sido devorado ya completamente por las tinieblas, el incesante
recordatorio maquiavélico que des - musicalizaba sus ideas entre la niebla,
se hallaba reducido ahora a un casi imperceptible choque de alfileres. Ahora
Tino, navegaba entre las mareas abstractas y surrealistas de su propio
subconsciente. Es pues, el estado final antes del apagón definitivo. Parecía
apropiado y en extremo agradable, que los últimos momentos en que funcione
su sistema operativo personal, éste ponga de su parte para hacer de la última
experiencia que conozcamos jamás, algo lo suficientemente loable y
espectacular. Es hora de partir.
***
Tino despertó alrededor de seis horas y media después de lo sucedido,
atascado a algunas mugrientas ramas y con mucha confusión en su
razonamiento por lo vivido. La experiencia onírico mística, de la que había sido
testigo, no le salvó de la pesadumbre habitual en su totalidad, pero abrió su
mente a terrenos novedosos como si se tratara de un nuevo ente. Sucedía que,
el hielo líquido que se suponía que fungiera como veneno, a pesar de no contar
con propiedades tóxicas en su composición, habíase acumulado en una
corriente que, terminó arrastrando a nuestro protagonista a su propia
salvación.
El soniquete quisquilloso que provocó todo este drama en primer lugar, volvía
a hacerse notar... Como una tenue iluminación que se va intensificando con el
pasar de los segundos, para finalmente dar paso a una claridad
enceguecedora que funge como herramienta para admirar en todo su
esplendor, aquello que nos quita el sueño de manera demoledora. La
disonancia se había instalado de nuevo en la consciencia, una vez más
apelando a la permanencia.
Agotado y sin saber si estar vivo era una suerte o parte de encontrarse
castigado, Tino permaneció inmóvil en la orilla de la laguna hasta el
amanecer, formulando reflexiones y considerando si valía la pena intentar de
nuevo perecer. En tal estado catatónico, con su inteligencia y percepción
lavadas, rotó su mirada a los alrededores y la fijó en siluetas varias
enclavadas. Pero de todas ellas, la que dio pie a la reflexión más interesante,
fue la figura de un simple arbusto, que solitario y salpicado por la humedad
del ambiente boscoso, mantenía su posición erguida y decidida ante la
intemperie que habitaba.
Le nació la siguiente incógnita: ¿Sienten las plantas? Se sabe que viven sí,
pero ¿Se guardan cosas para sus adentros? Se han hecho estudios que, por
supuesto, sugieren respuestas de lo más variopintas. A raíz de los interludios
en su memoria, Tino llegó a una conclusión por su cuenta, haciendo mezcla de
ideas a medias tintas recolectadas con anterioridad, y dando finalmente como
resultado, un cóctel intelectual de contenido filosófico de gran inmensidad.
"-Arbusto es estático. En tal forma absorbe la maldad del mundo y la traduce
en maleza. Nadie sabe que se maquina en su interior si es que algo lo hace,
pero incluso si viviese en caos, no tendríamos forma de enterarnos, y lo único
que llegarían a percibir nuestros sentidos, sería el porte sin movimiento de
una insignificante planta que continúa existiendo a pesar de los días idénticos
y del aplastante estrépito proveniente de la cascada vecina. Arbusto es
arbusto sin importar que suceda o deje de suceder-".
Por primera vez en mucho tiempo, Tino siente que ha logrado construir un
pensamiento coherente, juntando las piezas inconexas resultantes de la
hecatombe mental que le ocasionó la adquisición de su tintineo exasperante.
Pero eso no es todo, tiene completa seguridad de que ha encontrado la
medicina a su dolencia, y en razón de ello, por fin es capaz de respirar y
descansar con abundante tranquilidad. Mueve nuevamente sus globos
oculares y enfoca con ellos un nuevo amanecer. Ha llegado la hora de dejar
atrás estos lares. De esculpir con ayuda de lo aprendido, una nueva manera
de ser...
Final
Han transcurrido poco menos de cuatro lustros desde lo acontecido en aquel
misterioso, pero confortable depósito de arbustos. Ahora las cosas son
distintas. Con respecto a Tino, él sobrevive... Y de hecho a la insania ya no es
proclive. Se dice que ha conseguido domar a la presencia que succionaba su
felicidad, aunque no necesariamente le ha ejecutado. Únicamente ha logrado
adormecerle. Pero, tomando en cuenta todo aquello por lo que se ha pasado,
con esto se tiene suficiente y constituye un logro estratosférico, cosa que
básicamente, le hace sentirse renovado.
Aunque él nunca ha revelado a nadie su secreto, sucede que acordó adoptar
la figura del arbusto que presenció aquella lejana noche de pesadilla como,
su modelo a seguir. Las razones que le orillaron a considerar tal
extravagancia se pueden intuir...
Tino trabaja ahora en soldadura de metales y vive en una cabaña en los
alrededores de una zona silvestre. Al mejor estilo de la gente huraña. Ha
conseguido los permisos necesarios y piensa que, por el momento, este lugar
cumple con creces su función. La calma que le produce la ubicación en
cuestión, aderezada con la agresiva naturaleza de su recién estrenada labor,
ha contribuido a proporcionarle un balance muy acertado en su percepción
que hace tiempo ya creía extraviado.
El secreto está en que, el silencio externo que hasta hace poco le era
insoportable, al ser neutralizado por su propia vorágine sónica interna, ahora
es llevadero. La extraña sensación soñolienta, relajante y casi mágica que su
mente experimentó al perder el conocimiento, y como preámbulo a un posible
escenario de muerte, le mostró por unos cuantos minutos, (¿horas?) que es
posible desactivar la alarma defectuosa que, por alguna razón, sólo existe en
su realidad individual. Tino tomó nota de ello, y al parecer le ha aplicado con
cierta efectividad. Se dice que logró incorporar a su vigilia, el elemento
tranquilizador que se hizo presente en su subconsciente aquella ocasión...
Pero se debe agregar, esto como todo, solo se consigue con incansable
práctica y siendo insistente.
Ondas acústicas, que se expanden y contraen en la mente como un charco al
recibir encima un constante goteo, es una metáfora que describe al tintineo.
Tino lo ha dominado al comprender como cerrar la llave de paso. Y le debe todo
a aquella noche en que ya se suponía ahogado. Probablemente, el mal le
acompañará sin descanso, igual que las manecillas del reloj existencial no
cesan su marcha hasta el último segundo antes, del fin del mundo, pero está
bien. Si es posible contener el caos, censurar el caos, organizar el caos... Será
posible minimizar el caos y convivir con él.
La transmisión subsiste las 24 horas. La estación radial maldita, mantiene su
funcionamiento en aras de destruir la razón, pero da igual, si alguien ha
encontrado la manera de construir su propio caparazón para transformarle
en mera "música" de compañía. En razón de todo esto, prudente es suponer
que ha llegado el momento de cambiar de sintonía, y seguir adelante, aunque,
esto conlleve inevitablemente aguantar lo que sea requerido en arbusto
sinfonía. Buenas noches (para siempre).

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