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20 años se han pasado demasiado rápido... Crónica de como la idiota América definió mi personalidad


"Aquí viene la lluvia otra vez, cayendo desde las estrellas..."

2024 ha sido un año extraño, pero me permitió cumplir uno de los sueños que venía arrastrando desde hace tiempo... Comprar una tornamesa. En un mundo hiperconectado y donde el acceso a la información está más facilitado que nunca, la nostalgia por los gadgets del pasado está tomando una imponente relevancia. Cuando yo era un niño en 2004, no me hubiera imaginado que en el futuro optaríamos por hacer girar un enorme disco negro y brillante como los de mis abuelos para disfrutar de un poco de música, sobre todo tomando en cuenta que, para ese entonces, los cedes eran el formato predominante.

En mi caso particular, la decisión de comprar una tornamesa no obedece a motivos de nostalgia, ya que no crecí con aparatos de ese tipo. Tiene más que ver con una apreciación del álbum musical como una obra en sí misma que requiere ser experimentada de principio a fin. En una pequeña esquina de mi cuarto se están comenzando a apilar los trabajos de Pink Floyd, de Genesis, de Queens of the Stone Age, de The Beatles, de Black Sabbath, bandas sonoras, etc. Para mí, el álbum de música es equiparable a una película, un libro o una obra de teatro y no soy precisamente fan de las listas de reproducción en Spotify, pero, ¿de dónde viene exactamente esta percepción?

Viene del disco "American Idiot" de Green Day, mi álbum favorito de todos los tiempos, el primero que amé, el primero con el que me sentí identificado y ese que actualmente sigue resonando en mi subconsciente porque sé que me provocó un impacto enorme. El pasado 21 de setiembre de 2024 se cumplieron 20 años desde su lanzamiento original y siento que, para honrarlo (aparte de comprar el vinilo conmemorativo correspondiente), es menester dedicarle una entrada en este, mi blog personal. Por supuesto que hablaré un poco del álbum en sí, pero siendo que a estas alturas ya han corrido ríos de tinta sobre ello, he decidido dar a este texto un enfoque diferente y ahondar en mis propios sentimientos y experiencias relacionadas.

Primero que nada, dejo en claro que American Idiot no llegó a mi vida en 2004 ni en 2005, sino que lo hizo varios años después. Cuando yo empezaba a entrar en la adolescencia, no estaba realmente interesado en la música, lo cual era raro y llamaba la atención de la gente. Recuerdo tener 13, 14 o hasta 15 años y quedarme congelado cuando me preguntaban sobre mis gustos musicales, ya que simple y sencillamente no los tenía definidos. Sabía que me gustaba la música (o que debía gustarme) porque es algo normal en los humanos, pero me resultaba imposible mencionar artistas o géneros a los que les dedicara mi tiempo. Lo mío eran más los videojuegos en aquel entonces.

A mis 16 años, esta situación comenzó a cambiar debido a un acontecimiento que conmocionó a la sociedad, la muerte de Michael Jackson. Recuerdo como aquel hombre de apariencia llamativa de quien el mundo se había burlado durante tanto tiempo, de repente era idolatrado por prácticamente cualquier persona con la que uno hablara. Durante meses (segunda mitad del 2009), las canciones de Michael Jackson sonaron en todas las estaciones de radio, mientras que en todos los canales de televisión como MTV o VM Latino se reproducían los videoclips. Irónicamente, fue necesaria la muerte de un artista icónico para que yo comenzara a interesarme por la música. Por primera vez, ya no veía a Jackson como un sujeto excéntrico y de quien hacer chistes como había sido hasta entonces, sino que empezaba a apreciar su valor artístico y a tararear sus melodías con cierta frecuencia. Cabe destacar también que, ese año tuve mis primeros celulares, los cuales solo servían para hacer llamadas, enviar mensajes de texto y sintonizar la radio (la cual por supuesto, estaba llena de canciones de Michael Jackson). Por fin tenía un tema referente al mundo musical del cual conversar con otras personas, aunque claro, era fácil porque era de lo que todos estaban empapados en ese momento.


En navidad de 2009, mis padres me obsequiaron mi primera laptop, la cual incluía un programa llamado "Ares" que servía para compartir archivos entre computadoras y fue gracias a ese que comencé a armar una pequeña biblioteca con archivos individuales de audio bajados ilegalmente (principalmente de Michael Jackson, pero también de alguna otra canción que hubiera descubierto explorando la radio) y que, posteriormente, fui grabando en un pequeño reproductor de mp3 que me regalaron para mi cumpleaños un par de meses después.


Debido a que mi anterior colegio cerró inesperadamente, mis padres tuvieron que reubicarme en uno nuevo y yo me encontraba en una especie de período de adaptación. Fue alrededor de esa época que, un día fuimos de visita a casa de mis tíos (primeros meses del 2010). Cuando estuvimos en casa de aquellos familiares, mi hermana y yo subimos con mi prima al segundo piso y, mientras pensábamos en algo que hacer para pasar el rato, ellas decidieron poner algo de música. Mi prima eligió un cedé de "Green Day" y lo colocó en el reproductor. Se trataba de "American Idiot" y, mientras conversábamos un poco, las canciones se fueron sucediendo. No escuchamos el material completo porque creo que nuestros padres nos llamaron para bajar a comer o algo así, pero si recuerdo que llegamos hasta la cuarta pista, "Boulevard of Broken Dreams" (que hablaba de caminar solo) y ya para ese momento, mi vida había cambiado para siempre sin yo siquiera darme cuenta...


Esa canción del bulevar me gustó bastante, su melodía, así que cuando llegué a casa la descargué de Ares y busqué otras canciones de la misma banda. Encontré una muy bonita que se llamaba "Wake Me Up When September Ends" y que luego de algunas semanas, descubrí por medio de Wikipedia que pertenecía al mismo disco que estábamos escuchando en casa de mi prima, pero que salía más adelante. Estas nuevas piezas irían directas a mi recién estrenado reproductor mp3 de baja calidad y se empezarían a mezclar con todo tipo de cosas que yo iba captando en el ambiente; El reggae de Bob Marley que escuchaba mi papá, la instrumentación de Piratas del Caribe (de mis películas favoritas hace apenas unos años), algunas baladas clásicas que resonaban por allá y rock alternativo de Linkin Park que estaba más cerca de acá. Mi gusto musical empezaba a formarse...

Los siguientes meses del 2010 fueron difíciles... Yo estaba reprobando las materias que se me asignaron en mi nuevo colegio, no lograba encajar con los compañeros, no me adaptaba al nuevo ambiente académico, por lo que en mayo de 2010, mi madre fue a recoger las calificaciones del trimestre y se dio cuenta de que yo iba reprobado en prácticamente la mitad del programa, por lo que tomó una decisión drástica... Sacarme de ese lugar y matricularme en un colegio público, algo que sería una experiencia completamente novedosa para mí y a la que realmente no sabía cómo enfrentarme... En realidad, lo que estaba pasando a puertas cerradas es que mis padres se encontraban en proceso de separación/divorcio, por lo que no había ya suficiente dinero para estarme pagando una educación cara y, además, llegó el punto en que se cansaron de intentar que yo diera un rendimiento aceptable.

Aunque no juzgo a mis padres, estoy convencido de que esa en particular fue una de las peores decisiones que han tomado, ya que me traería muchas repercusiones negativas a corto, mediano y largo plazo. Yo de por si tenía serias dificultades para socializar y adaptarme al sistema educativo, de modo que simplemente reubicarme en un colegio público era una solución teórica (es menos estricto, los exámenes son más fáciles, etc.), pero que jamás iba a funcionar en la práctica.

En efecto, aunque traté de esforzarme al inicio para amoldarme al cambio, las cosas simplemente no hicieron "click", por lo que mi ánimo empezó a decaer gravemente con el transcurrir de las semanas. Yo estaba acostumbrado a la dinámica de la escuela y colegio privado en donde existen grupos de alumnos bien definidos (conoces a tus compañeros) y un interés (u obligación institucional) de los profesores por estar pendientes de ese grupo. En un colegio público sin embargo (ese en específico al menos), la gente no va a las clases, prefieren vagabundear por los alrededores, perder el tiempo o hasta consumir drogas. Fueron incontables las ocasiones en que llegué a una clase solo para darme cuenta de que pocos asistían o incluso, que yo era el único ahí. Era en cierta forma un caos institucional que yo, de alguna manera, tendría que empezar a asimilar para poder sobrevivir...

Conforme transcurrieron los meses y yo no lograba hacer nuevos amigos, una oscura nube empezó a asentarse sobre mí. Me di cuenta de que lograr conexiones no era tan fácil como ir y hablar con cualquier persona en el patio de recreo, por lo que empecé a aislarme cada vez más y más... Mientras tanto, usaba mi reproductor mp3 para evadir la realidad hasta que fuera momento de regresar a clases y volver a sentir que la vida tenía un norte. Ciertamente me encontraba en una encrucijada; por un lado, odiaba estudiar y estar encerrado en un salón de clases, por otro, me sentía incómodo en los tiempos de descanso porque me percibía a mí mismo como un completo inútil para establecer vínculos con personas de mi edad. En otras palabras, mi mente estaba a la deriva en un océano nocturno de incertidumbre que se expandía cada día. Recuerdo idear formas para evadir el contacto social con mis semejantes; esconderme en los baños, sentarme en esquinas poco concurridas, caminar sin parar alrededor de las instalaciones hasta que la campana volviera a sonar, etc. También recuerdo sentir rabia e impotencia por la acumulación de estos sentimientos que no tenía ni idea de cómo drenar, a veces le daba la vuelta al colegio con la mentalidad de agarrarme a golpes con la primera persona que me provocara, lo cual nunca terminó por ocurrir. Mi estado era el de una olla de presión a punto de estallar.

Y entonces, aquellas canciones de Green Day que había grabado en mi mp3 empezaron a cobrar sentido. "Camino por una calle solitaria en el bulevar de los sueños rotos, mientras la ciudad duerme y yo soy el único y camino...". Para ser un adolescente de 17 años, eso resonó profundamente conmigo, no por falta absoluta de contacto social, sino por no entender cómo funcionaba este realmente. Algunas personas intentaron acercarse a mí, pero luego de un par de encuentros, se daban por vencidas. Yo por mi parte, seguía escuchando a Green Day y esas letras reveladoras. Luego de una pequeña investigación en Wikipedia (en ese entonces me gustaba bastante buscar artículos ahí) me enteré de que, American Idiot era un álbum conceptual u ópera rock, es decir, un disco en el cual todas las pistas se conectaban para contar una historia. Esto me motivó a empezar a bajar todas las canciones del álbum y grabarlas en mi mp3 (en ese entonces no tenía dinero para comprar cedes ni el reproductor correspondiente).

"Soy el hijo de la ira y el amor, el Jesús de los suburbios", "en el centro de la tierra, en el parqueo, por el 7-eleven en donde yo estaba atrapado", "¿estamos dementes o yo estoy perturbado? el espacio en medio de la locura y la inseguridad", "y morir, dejando atrás, este huracán de malditas mentiras". Este tipo de letras describían mi situación. Yo sentía que ese nuevo ambiente escolar en que me encontraba era una especie de cárcel, algo que no me dejaba ser quien yo realmente era y mi actitud se fue modificando paulatinamente. Para pasar el tiempo, llegué a sentarme cerca del portón de entrada, mirando hacia afuera e imaginándome como sería escapar de ahí...

Un día, casualmente mi deseo se hizo realidad. Descubrí que, dependiendo de la hora y el día, el guardia se hacía el tonto, el portón de la entrada se abría de par en par y era posible escabullirse por él (algo inimaginable en colegio privado, pero aquí a nadie le importaba). Un día decidí tomar la oportunidad y lanzarme a la calle, después de todo, tenía dos cosas claras; que no quería estar en el colegio (por la incapacidad de conectar con los de mi edad, además del desinterés por los estudios) y que no quería estar en mi casa (por el ambiente turbulento ocasionado por la separación de mis papás y la posible decepción que tenían en mi). Eso fue "el amanecer del resto de nuestras vidas".

Siendo yo en ese momento menor de edad aún y sin dinero, no tenía demasiadas posibilidades de cosas que hacer en la calle, pero me dediqué a caminar. A veces sin rumbo (explorando calles y avenidas) y otras veces con un rumbo en mente (visitar lugares icónicos de mi infancia), lo que fuera con tal de matar el tiempo y luego volver donde mi madre para hacer parecer que todo estaba bien y así poder darle explicaciones (vagas) de mi bajo rendimiento académico. El punto es que, durante aquella época, sentí que Green Day eran los únicos que me entendían, por lo que esas canciones del American Idiot se transformaron en mi refugio durante la tormenta. De entre todos aquellos escapes, hubo uno que se me quedó grabado a fuego en la memoria y es cuando decidí caminar varios kilómetros hasta llegar a la zona de mi anterior colegio, pero sin pasar cerca del mismo... En lugar de eso, me fui al parque que queda en los alrededores y subí a la colina central, punto desde el cual podía ver mi ciudad y simplemente, me senté allí a reflexionar en mi destino... ¿Algún día terminaría de estudiar?, ¿llegaría a ser un miembro funcional de la sociedad o me convertiría en indigente?, ¿sería capaz de establecer conexiones con otros seres humanos?


American Idiot cuenta, a través de sus pistas, una historia, posiblemente la del mismo Billie Joe Armstrong (vocalista y líder del grupo). Se trata del Jesús de los Suburbios, un hombre joven, adolescente o en sus 20´s que está absolutamente harto de todo lo que le rodea y piensa que la solución a la hipocresía, la falsedad y la estupidez de la sociedad estadounidense es hacer algo al respecto, pero sin tener claro que. La influencia de la autoridad (personificada por el gobierno, en este caso, el de George W. Bush que en aquel entonces estaba provocando la guerra de Irak, una problemática sobre la cual Jesús no tenía ningún control) es una de la que él no puede escapar, ya que le es constantemente martillada por medio de la televisión y otros medios como periódicos o anuncios radiales, por ejemplo.

Para lidiar con estos sentimientos de impotencia, Jesús resuelve ir a la ciudad, cambiar de entorno y también de identidad. Él intenta ser parte de la clase obrera, aunque se deja en claro desde el principio del álbum que es un niño medio mimado ("arregla mi televisión, sentado en mi crucifijo"), por lo que sus intentos fracasan estrepitosamente. Jesús lo único que siente en este nuevo lugar es una terrible soledad e incomprensión, por lo que encuentra apropiado adoptar una nueva personalidad con el objetivo de sobrevivir (San Jimmy, una sabandija) y adicionalmente, experimentar con drogas para alivianar el dolor de no tener a nadie cerca que comparta sus ideales y, prácticamente, verse conversando únicamente con su propio alter ego ("Dame Novocaína").

Se supone que, eventualmente, San Jimmy conoce a un interés amoroso ("Ella es una rebelde"). Se trata de una chica sin nombre que, detrás de sus actitudes revolucionarias y provocadoras esconde un terrible dolor que, irónicamente, es el combustible que la motiva a ser de esa manera. Es una chica extraordinaria en un mundo ordinario, una que mira su propio reflejo en el espejo y se da cuenta que lo único que está tratando de hacer es vender una imagen comercial para luego llorar cuando se siente poco valorada como ser humano. Ella, además, llega posteriormente a sentirse tan presionada por el mundo que descarga toda su ira contra San Jimmy/Jesús de los Suburbios y le confiesa que ella no es lo que él piensa y que está completamente hastiada de su entorno (un sentimiento de crisis total mucho más intenso de lo que él propio Jesús expresó sobre sí mismo al comienzo del disco), cortando así con él definitivamente.

Jesús cae en una depresión profunda y se dedica a rememorar el pasado... A esperar que el tiempo pase más rápido, a darle significado a los meses del año (setiembre) y a extrañar la inocencia de otros tiempos.

Finalmente, Jesús entiende que debe seguir adelante con su vida, por lo que asesina figurativamente a San Jimmy y resuelve volver a casa y cerrar el ciclo que inició hace meses, pero el proceso es duro. Sabe que no tiene ni un solo amigo en el mundo y que eso es algo que su subconsciente se encargará de recordarle hasta volverle loco ("no le gustas a nadie, todos te dejaron, están afuera sin ti divirtiéndose"). A fin de recaudar el dinero necesario para emprender el regreso, Jesús toma un trabajo temporal de papeleo en la calle doce y logra estar de nuevo en su casa alrededor de navidad. Lo logra, pero el recuerdo de aquella chica rebelde y que le enseñó a vivir (y de la que nuca supo su nombre) continúa vivo en su memoria y ya no le abandonará nunca...
 


La interpretación de American Idiot da para mucho. Según el mismo Billie Joe, Jesús podría incluso haber terminado loco e internado, lo cual implicaría que la rebelde era solo un producto de su imaginación... Pero también se da a entender que el sueño americano no es más que una ilusión, entonces lo que es real o no recae en las apreciaciones del oyente. El Jesús de los Suburbios/St. Jimmy es un personaje que simboliza la ansiedad y la confusión de la juventud de los años dos mil, pero al mismo tiempo, es tan universal que prácticamente cualquier joven de cualquier época puede sentir que se trata de su propio alter ego. Es inevitable percibir incluso similitudes entre Jesús/Jimmy y un personaje tan influyente en la literatura como lo es Holden Caulfield de la novela "El Guardián entre el Centeno", cosa que no se es para nada rebuscada si se toma en consideración que Billie Joe Armstrong declaró alguna vez sentirse cautivado por el libro. Al igual que Holden, Jesús/Jimmy es un joven que se siente desencantado por el mundo en que debe existir y pasa criticándolo duramente, aunque paradójicamente desea ser parte de este, por lo que lo único que logra es vivir atrapado en un ciclo vicioso de ambición mal canalizada.

Sea como sea, el impacto cultural de este álbum fue tremendo y hoy, 20 años después sigue resonando como una explosión atrapada en el tiempo. El idiota americano no es George W. Bush, quizás ahora sea Donald Trump. Tal vez el idiota americano es el ciudadano común conformista que vive anestesiado, ya no tanto por la televisión sino por las redes sociales que esparcen "fake news" a como les da la gana, y que sigue aspirando a ser la pieza central de una sociedad norteamericana que solo existe en su imaginario.



Ahora bien, regresando a aquel oscuro 2010 debo decir que, las cosas no mejoraron en mi plano personal, sino que por el contrario, terminaron por hundirse y tocar fondo. Al finalizar el año escolar, yo iba reprobado en al menos cuatro asignaturas, lo cual me daba la oportunidad de realizar exámenes extra para salvar el curso, pero mi desmotivación y voluntad estaban completamente resquebrajadas, por lo que el resultado terminó siendo desfavorable de todos modos.

Durante el siguiente año (2011, 7 años desde el lanzamiento original del álbum se habían pasado demasiado rápido...), me dediqué a completar mi educación por medio de un programa especial de bachillerato por madurez. Logré por fin hacer unos buenos amigos que siguen vivos hoy y conseguí dar por finalizada una etapa de mi vida que estaba languideciendo. Fui capaz de ordenar mi vida y matricularme en una universidad para empezar a estudiar una tal carrera denominada Antropología.

El espacio temporal entre mi primer ingreso a la universidad y el presente resulta caótico y fascinante al mismo tiempo. Durante algunos años me dediqué a ser el tipo sano que ni siquiera bebía una cerveza y que se esforzaba por hacer algo productivo de su vida. Pero, cuando todo se complicó y tuve que cambiarme de universidad para empezar otra carrera de cero, el alcohol entró en mi vida, una chica entró en mi vida y todo se desbalanceó. Durante años, estuve huyendo de casa en mis ratos libres, sentándome en parques o zonas aisladas y entregándome a la introspección. Llegué a desarrollar obsesiones enfermizas con ciertas localidades y con el sentimiento de libertad que me provocaba visitarlas mientras estaba bajo el efecto de sustancias.



En fin, cuando me pongo a analizar con detalle, me doy cuenta de que mi vida se ha convertido en un ciclo, se ha tratado de seguir adelante, pero sin querer soltar el pasado de manera definitiva. Estamos en 2024 y yo con 31 años, casi los mismos que Billie Joe Armstrong cuando se publicó American Idiot (tenía 32) y siento que el álbum en este momento define mi vida de forma perfecta... Una vez más. Me superé, saqué una carrera e hice dinero, pero la soledad continúa doliendo. Mi vida ahora tiene un norte, ya no soy el adolescente perdido de hace 14 años, sin embargo, encuentro casi imposible desligarme de las actitudes que surgieron de ese momento de incertidumbre... Sí, ha pasado el tiempo y todavía visito la colina del parque cercana a mi antiguo colegio porque sé que algo inconcluso sigue escondido ahí.

Por el aniversario 20 de esta obra y aprovechando mi tornamesa que compré este mismo año, encargué una copia del American Idiot versión conmemorativa. Lo que no me esperaba es que la entrega llegara a mi casa tanto el mismo día de las elecciones de Estados Unidos (Ganó Trump, el nuevo idiota americano), como del concierto de Paul McCartney en Costa Rica, al cual asistí porque era un evento histórico y no podía dejarse pasar... Siento que vivo en una vorágine de música y política más real que nunca...



Me doy cuenta de que los sucesos y contextos que gravitan a mi alrededor últimamente pueden ser perfectamente musicalizados con ayuda de American Idiot. Es 2024, la última fase del año ya, pero la situación geopolítica es tan aterradora por estos días que a veces pareciera que en cuestión de horas podría estallar la Tercera Guerra Mundial, pero, además, en mi plano personal hay una Whatsername... Sé quién es, la tengo identificada ya, pero no quiero acercarme aún. Al menos me consta que es un alma libre y rebelde. Es alguien de quien no puedo decir su nombre todavía, pero que me roba el sueño y se entromete en mi flujo de pensamientos con más frecuencia de lo que a mí me gustaría admitir. Por todo eso es "Whatsername" (chica sin nombre), ella es imposible de invocar en este momento.

Tengo 31 años ya, pero sigo frecuentando los lugares perdidos de mi adolescencia, sigo tratando de establecer conexiones al borde de la destrucción, sigo caminando bajo la línea que divide mi mente, sigo siendo hijo de la guerra y la paz, entre otras cosas... Pero ahora soy un poco más completo y sigo en la búsqueda de mi propia satisfacción como ser humano.

No obstante, la siguiente letra alternativa de "Jesus of Suburbia" que se publicó este año como un demo oculto de hace dos décadas bajo el título de "lowlife" (el borrador de "Dearly Beloved", lo que ahora es el cuarto movimiento de dicha pieza épica) tiene mucho que decirme:

Querido estimadísimo, ¿me está escuchando?
No puedo recordar ni una palabra de lo que me estaba diciendo...
¿Estamos dementes o estoy yo perturbado?
Es este el espacio entre la locura y la inseguridad...
¿Acaso encontraré lo que quedó atrás?
¿Acaso queda adónde ir?
Estrellarse y arder...
No hay vuelta atrás
Cuando no existen sitios donde ir
Y la vida desde abajo grita:
¡Quiero estar bien!
Quisiera estar bien esta noche...
¿Qué significa estar satisfecho?
Yo solo quiero estar bien
Oh terapia, ¿puedes llenar el vacío?
¿Acaso soy retrasado o solo estoy lleno de alegría?
Nadie es perfecto y yo permanezco acusado...
¿Acaso encontraré lo que quedó atrás?

La vida continúa, pero resulta que al final todo se conecta entre sí. Me pierdo y me vuelvo a encontrar a mí mismo con cierta frecuencia, toco fondo, me deconstruyo y pulo un poco más mi personalidad cada día. Aun así, es inevitable sentir que a veces se camina en círculos, que la existencia es como un disco que gira igual a todos esos que ahora acumulo y reproduzco. El idiota americano me hizo comprender esa noción.

20 años ciertamente se han pasado demasiado rápido...

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