Prácticamente desde el inicio de mis caminatas interminables mezcladas con líquidos espirituosos allá hace unos siete años, una idea se acomodó en mi mente; la de escribir. Al principio era simplemente poner en palabras lo que fuese, pero no pasó demasiado tiempo para que me diera cuenta de que existía potencial para crear una obra completa.
Este pensamiento de querer ser el autor de algo importante me obsesionó durante bastante tiempo y por ello me dediqué a recolectar mis propios pensamientos... Anotar en pequeñas libretas todo aquello que me cautivara o perturbara durante los largos recorridos a pie por la ciudad. Sin embargo, siempre encontré una dificultad para acomodar todos esos garabatos y darles algún sentido literario. Llegué a idear una historia bastante interesante, pero me resultaba imposible estructurarla de la manera correcta pare el consumo de otros.
Pensé que tal vez una solución sería buscar ayuda de terceras personas; una guía, un crítico, una filóloga, un escritor consolidado, otros amateurs... Pero lo cierto es que la gente en general no es de fiar, no es lo que necesito para llevar a cabo mi proyecto.
Lo que necesito es sacar provecho de todas aquellas herramientas que no existían en el momento en que empecé con esto, pero que ahora son una realidad... Esa herramienta en particular que se presenta a sí misma como una amenaza hacia la humanidad, aunque en el fondo solo requiera un poco de comprensión es justamente la que será mi bastón de acompañamiento para empezar a darle forma a todos esos desperdicios de tinta que se acumulan en una esquina de mi habitación... Mientras cumplo los treinta y dos.
Viva la tecnología y el año 2025.

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