Julio de 2019
PRIMERA PARTE
Odio las charlas motivacionales, son estúpidas y están corrompidas. El romanticismo en general pudrió la mente de la gente. En el arte se idealiza continuamente todo, te venden la idea del amor como una iluminación, como el color (dolor) de la vida misma, te venden objetivos a alcanzar y direcciones que seguir, así como objetos que obtener y productos que comprar. Sea lo que sea, te instauran la imagen de bienestar y las figuras a idolatrar hasta el punto de que las representaciones de lo incorrecto, lo sucio y lo malvado se vuelven atractivas porque se visualizan como algo espectacular, aunque resulta que ser el malo no es del todo divertido y ser el héroe es equivalente a nada.
La rutina corroe las vidas de todos, el desperdicio de tiempo es tan cancerígeno para los sueños personales como lo es el plástico que flota en los océanos del mundo con respecto a nuestra salud física, sin embargo, resulta inevitable que ambas cosas estén ocurriendo en este momento... Hay que voltear la mirada a quienes redactan sus autobiografías; ellos hacen un resumen de sus vidas y les exprimen si acaso un cinco por ciento de información interesante... Eso descartando tanta prueba y error, bocetos de proyectos personales, planos de sueños sin terminar, maquetas y exploraciones interrumpidas de callejones sin salida...
La mente posee una habilidad innata para limar las asperezas de los peores recuerdos, se podría decir que es un mecanismo de supervivencia. Crear una versión alternativa y edulcorada de nuestras propias épocas sombrías para que esa oscuridad no pueda nublar la linterna interior que nos permite seguir avanzando sería lo más sensato. Personalmente, no creo en "aprovechar la vida al máximo", ya que percibo eso como otra gran idea romántica errónea. En realidad, lo que se aprovecha de la vida es muy poco (gran parte de gasta en dormir, en quedarle bien a los demás, en asimilar dramas ajenos y seguir los senderos que otros nos demarcan) ... En todo caso, hay demasiados senderos bifurcados que nos ofrecen la posibilidad de alimentar un nivel de cultura que nos permita eventualmente comunicarnos con otros... Aunque tal vez sea en vano... Relacionarse con la humanidad cuando no se tienen temas en común es como si cada persona en los bares y en las esquinas de la ciudad fuera un extranjero... Y yo también lo fuera.
SEGUNDA PARTE
¿Qué es exactamente desperdiciar la vida? ¿Sería no hacer nada o hacer cosas inútiles? Dominar un arte, una habilidad o una ciencia requiere esfuerzo y dedicación de años, pero al final, ¿servirá de algo? Durante todo el tiempo que alguien pasa inmiscuido en el aprendizaje, prácticamente deja de existir para el mundo, esto mientras trabaja, moldea y perfecciona su propio subconsciente... Llegar a ser alguien requiere sacrificio. Se supone que tu recompensa será el reconocimiento por parte de los otros y la satisfacción propia, pero ¿y si eso no llega? ¿qué sucede con las decenas de libros, discos o películas que nunca flotan a la superficie como deberían? Hay tantas vidas dedicadas en su totalidad a crear intensamente algo que termina en nada...
Durante los años formativos, nadie te conoce, nadie te entiende y por ende, nadie te recordará en ese estado. Claro, esto te da la libertad para eventualmente modificar tu propia historia y hacerla más interesante, al fin y al cabo, no hay testigos que corroboren esa versión o la desmientan... ¿Y qué hay de los falsos recuerdos? Algunas veces se pueden implantar a voluntad. Me acaba de venir a la mente la silueta borrosa del desierto que aparece en aquella vieja película del oeste... Es un recuerdo, sí, pero todo su contexto y significado no lo podemos entender hasta mucho tiempo después. Curiosamente, se deja ver con mucha frecuencia durante el metraje, como una especie de recordatorio...
EPÍLOGO
Cualquier vida podría (de hecho, es) una gran historia, el problema es que mucha gente no tiene dotes artísticas suficientes para plasmarla adecuadamente... Gente que ni pinta ni escribe ni filma ni compone, ¿Cómo podrían entonces dar a conocer su tiempo en la tierra? Veamos: Por un lado, está el contenido y por otro el envoltorio, siendo ambos igualmente importantes. Lo que un artista tiene que hacer es buscar a algún Don Nadie, un habitante aleatorio de la calle y ofrecerle ser sujeto/objeto de un proyecto artístico experimental. Obviamente habrá una recompensa, fama y fortuna (hasta cierto punto) para este voluntario.
Ahora bien, ¿qué gana el creador? No se sabe a ciencia cierta. La obra podría ser un álbum conceptual, una película, un texto, cualquier cosa. La forma de presentar al individuo incógnito ante el mundo sería como alguien relevante, aunque nadie sea capaz de ubicarle nunca en los registros históricos oficiales, quedando únicamente la imaginación como motor para tratar de discernir las razones por las que alguien consagraría con su trabajo a un completo desconocido.
Quizás, el creador ganaría una simple, momentánea e intrascendente satisfacción y ya.

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