En su antepenúltimo álbum de estudio (“Ordinary Man” de 2020), se encuentra
una canción titulada “Holy for Tonight” (con esa batería inicial tan a lo Ziggy
Stardust) en la cual, el señor John Michael Osbourne le pide al padre que lo
perdone por sus pecados porque sabe que ha sido un monstruo y que los medios de
comunicación así lo han establecido. Nos cuenta el Don que se enfrenta a una
larga y solitaria noche en espera de la despedida definitiva… Pero resultó que
no era tan inmediata como creía y que hubo que esperar y trabajar por ella…
La noticia sobre la muerte de Ozzy Osbourne sigue agitando las aguas de los
medios y de la cultura general. Es curioso que el mundo
estuviera tan preparado y al mismo tiempo tan de guardia baja para asimilar el
fallecimiento de una celebridad. Hay un aspecto que me llama la atención y es
el hecho de que Ozzy pareciera saber que su momento por fin había llegado a
pesar de que hizo referencia a la muerte y “el otro lado” durante reiteradas
ocasiones a lo largo de los años. Se dice que las personas que están a punto de
dejar este plano existencial lo perciben y su actitud cambia, así como sus
prioridades y objetivos.
Este fenómeno es todo un misterio y solamente alguien que se encuentre en
ese tramo podría entenderlo. Durante el transcurso de nuestras vidas, somos
acompañados por el inevitable fantasma del final, pero posiblemente es hasta un
momento determinado en que este se vuelve visible a nuestros ojos y entonces se
establece una comunicación directa en la cual se nos da una señal clara del
poco tiempo que resta… Y lo que debemos hacer con él.
Birmingham, julio de 2025. Ante cuarenta y cinco mil personas (más los millones
que eran testigos por medio de las pantallas de sus televisores, computadoras y
celulares conectados en sincronía), el Príncipe de las Tinieblas cerró por fin
una carrera improbable que había dado inicio hace ya muchas décadas con unas
campanadas siniestras y un mal presagio, una aparición demoníaca. Ozzy quizás
fue visitado finalmente por aquella figura de negro con ojos de fuego que tanto
terror había infundido a principios de los setenta y esta le advirtió sobre la
cuenta regresiva de su propia permanencia física en la tierra. Osbourne cumplió
con su última misión y, no teniendo más pendientes por recabar, regresó
definitivamente a ese misterioso lugar del que tanto hablaba en su música…
La despedida de Ozzy fue por medio de un mastodóntico concierto, pero
existen también muchos artistas que decidieron decir adiós con la publicación
de un disco, un manifiesto y esto resulta sumamente interesante. Normalmente,
las carreras de los músicos famosos pasan por varias etapas, pero los trabajos
más memorables son aquellos que se publican cuando el artista en cuestión está
poniendo todo su empeño para hacerse notar y captar la atención de los sellos
discográficos y hacerse de un público o cimentar su imagen, en otras palabras,
cuando tienen mucho que demostrar.
Eventualmente, el artista empieza a sacar materiales menos interesantes
porque alcanza la estabilidad o atraviesa crisis de la mediana edad, y
entonces… Justo antes de partir de este mundo entrega una última obra maestra que
nadie veía venir. Es posible que el deseo de no ser olvidadas o pasar a la
intrascendencia confiera a estas personalidades un segundo impulso necesario
para producir arte de calidad al igual que la juventud les confiere el primero.
A continuación, veremos cinco discos realizados en esas condiciones, cuando todo
estaba a punto de colapsar y sus intérpretes lo sabían. Cinco discos de
naturaleza crepuscular y, debatiblemente, de los mejores de las dilatadas
carreras de tan talentosas estrellas.
5. La leyenda del country que veía una oscuridad
Johnny Cash es una de las figuras más influyentes (si no es que la más) de
la música country, ese género tan arraigado en la cultura estadounidense y en
sus historias de vaqueros y la vida cotidiana de finales del siglo XIX y
principios del XX. Con una inmensa discografía que empezó a gestarse en la
década de los cincuenta, Cash se involucró en todas las temáticas típicas del
country y en otras propias del góspel, por ejemplo, pero se destacó de otros
artistas por su visión altruista y sumamente humana (con toda la imperfección
que ello conlleva) sin limitarse a ser únicamente una celebridad o un
intérprete de canciones bonitas. El autodenominado “Hombre de Negro” afirmaba vestir
de este color como una muestra de solidaridad con los menos favorecidos del
planeta y, además, como una señal de luto y protesta por las injusticias que se
cometían día a día (los muertos en Vietnam, aquellos que pasaban hambre, la
pobreza, el sufrimiento de las familias, etc.).
Johnny sentía también una peculiar conexión emocional con los reclusos, cosa
que le motivó a dar históricos conciertos dentro de prisiones y lograr que
tanto criminales peligrosos como personas que estaban encerradas por error u
otras circunstancias se sintieran identificadas con su figura. Johnny batalló
también con sus propios demonios de adicción al alcohol y a las anfetaminas,
las cuales le terminaron pasando factura hacia el final de sus días.
En 2002, Cash publicó su último álbum, “American
IV: The Man Comes Around” en el que con una instrumentación sobria y una voz agotada interpretaba
principalmente versiones de otros artistas, pero también incluía algunas piezas
nuevas (la homónima) y regrabaciones de su propio cancionero antiguo (“Give my
love to Rose”). La selección de canciones destacaba por la temática,
espiritualidad y nostalgia, pero la más famosa de todas fue sin duda “Hurt”
(original de la banda Nine Inch Nails) a la cual se le dotó de un dolor intenso
que calzaba a la perfección con su oscura letra de arrepentimiento y
melancolía. Poco después del lanzamiento de este disco, la señora June Carter
(musa y esposa por más de tres décadas del señor Cash) fallecía y, unos meses
después, apagaba su llama el mismo Johnny como si no hubiera podido soportar la
pérdida de la persona que le dio algún tipo de sentido a sus días más nublados…
De su último disco publicado en vida, quedará por siempre esa versión agridulce
de Vera Lynn (icónica cantante de la Segunda Guerra Mundial) que dice: “Nos
encontraremos de nuevo en una tarde soleada”.
4. Reflexiones de un hombre de voz rasposa y
formación literaria
Leonard Cohen fue un señor que recién a sus 33 años publicó un disco. Antes
de eso se dedicó a la poesía y la narrativa, pero grandes escuelas fueron.
Aunque nunca se destacó por su manejo de instrumentos, las letras de Cohen eran
ricas y profundas en significado. Leonard no encajaba realmente en ningún molde
de estereotipo de artista musical, él simplemente hacía lo suyo y ya dependía
de la gente si consideraba que ese material poseía algún tipo de valor o no. Se
podría decir incluso que la carrera de Leonard Cohen fue inesperada hasta
cierto punto, ya que, a pesar de sus improbabilidades, terminó siendo bastante
exitosa.
Sin embargo, lo inesperado no siempre es bueno. El señor Cohen se llevó una
desagradable sorpresa cuando, a punto de retirarse, una de las personas en las
que más confiaba le vació sus cuentas bancarias, obligándolo a volver a
trabajar para poder mantenerse en su vejez. Sorprendentemente, los álbumes
publicados de 2001 en adelante resultaron ser joyas de calidad compositiva
sobresaliente y no simples “cash grabs”. La última etapa de la carrera
de Cohen destilaba dignidad y él asumió su imagen de hombre mayor sin ningún
problema y sin pretender nunca presentarse como alguien que ya no era. En 2016,
publicó “You Want it Darker”, el que sería su último esfuerzo de estudio,
poco después, falleció por complicaciones derivadas de una caída en su casa
(tenía ya 82 años).
¿Lo quieres más oscuro? Bueno, eso es lo que tendrás entonces. Los nuevos
versos se empañaban de negrura mientras Leonard afirmaba estar listo para
levantarse de la mesa a la vez que se disculpaba por habernos convertido en
fantasmas… La verdad es que no se le puede criticar nada, todo era parte de su
visión artística y la misma siempre fue única y sorprendente.
3. Uno por una mujer, poetisa latina de otra época
Considerado uno de los mejores discos latinoamericanos de siempre y el
mejor álbum chileno de todos los tiempos, “Las Últimas Composiciones de
Violeta Parra” lanzado al mercado en 1966 es un epitafio folklórico desolador
de lo que podría considerarse en su momento una malograda carrera, pero vista
ahora en retrospectiva, una de las más brillantes que haya habido en esta parte
del mundo. La señora Parra se terminó suicidando porque consideraba que todo a
su alrededor se desmoronaba sin ella poder hacer gran cosa al respecto.
Decepciones amorosas, desilusión relacionada a las instituciones de su país e
inseguridad sobre sus propias capacidades y el alcance de su arte empujaron a
Violeta a tomar la fatal decisión de acabar con todo por medio de un disparo
dirigido a su cabeza mientras se encontraba en la carpa de La Reina… Ese lugar
que se había establecido como centro cultural para mostrar al mundo sus
propuestas.
Aunque en aquél entonces el título de “Las Últimas Composiciones” tenía una
connotación que parecía aludir a las nuevas o más recientes canciones de Parra
(algo así como el álbum “10 New Songs” de Leonard Cohen), No mucho tiempo luego
la artista le dio otro significado con su suicidio. Ella sabía cuando quería
que todo terminara y le había puesto fecha. Con todo esto, resulta emotivo poner
atención a las letras tan elaboradas sobre las que se construyeron las melodías
de este elepé, sobre todo la de la apertura en donde Violeta agradecía a todo…
A la vida que le dio tanto. No iba a irse sin antes reconocer que la vida fue
un regalo, sí, pero era uno que ya ella había aprovechado lo suficiente y del
cual ya no tenía interés en seguir conservando.
2. Un festival de excesos roquero afín al espíritu
de los mejores tiempos
Freddie Mercury no necesita presentación. Esa imagen triunfante, pomposa y
fuerte le acompañó siempre y dotó a la banda Queen de una personalidad muy
particular. No se trataba de minimalismo, sino de proyectar aires de grandeza y
de explotar todas las posibilidades que ofrecían tanto los instrumentos
musicales como las herramientas del estudio de grabación y los escenarios para
así entregar productos de notable calidad y espectáculos memorables. La voz
roquera/operática de Mercury sigue siendo totalmente identificable y nadie se atreve
a poner en duda su inmenso talento.
Pero Freddie vivía al límite, siempre lo hizo. Entre drogas y fiestas
descontroladas, adquirió el virus del sida y eso contabilizó sus días. Luego de
intentar adaptarse al estilo festivo de los ochenta, Queen publicó el
disco “Innuendo” en 1991, pero algo sobre el mismo se sentía… Sombrío.
Tenía las típicas canciones energizantes como “Headlong” o “I Can´t Live with
You”, pero de repente Freddie nos comentaba que se estaba volviendo un poco
loco, se ponía nostálgico sobre su infancia y luego hacía una referencia a
aquella vieja canción “Love of my Life” (de 1975) que originalmente decía que,
cuando él envejeciera, estaría ahí al lado del amor de su vida para decirle que
aún le amaba… En esta ocasión, lo susurraba, pero se entendía perfectamente,
“aún te amo”.
El último tema del elepé era “The Show Must Go On”, un número ultra dramático
sobre seguir adelante que terminó de cobrar sentido hacia finales del año 1991.
Fue el último sencillo publicado en vida de Freddie Mercury y, poco después, él
admitió ante la prensa que estaba enfermo de VIH y falleció un día después. A
pesar de tanta especulación, Freddie decidió mantener su diagnóstico en secreto
porque sabía que no era incumbencia de nadie y que era una lucha que le
correspondía únicamente a él. La canción como tal se destaca por una desgarradora
interpretación vocal que, según se cuenta, el mismo Brian May (guitarrista del
grupo) advirtió a Mercury que no iba a poder cantar por el avanzado estado de su
enfermedad, pero Freddie que no iba a dejarse vencer tan fácilmente tomó unos
tragos de vodka y demostró de lo que era capaz, aunque fuese lo último que
hiciese. Aún hoy, escuchar la pieza es suficiente para que se acelere el
corazón por la pesadez de lo que ahora sabemos que estaba ocurriendo. Si dos años
antes Freddie Mercury hablaba de manera esperanzadora y positiva sobre su
situación de salud en “The Miracle”, ahora estaba plenamente consciente de que
el reloj giraba sin retorno y que esta era su última oportunidad de aferrarse a
la vida.
1. De toques místicos y envuelto en misterio… Una
épica salida
La despedida de David Bowie sigue siendo la más impresionante e impactante
que recuerdo de un artista. Dediqué una entrada del blog completa al tema, así
que no será necesario ahondar demasiado. Un disco extremo cargado de
experimentación y misticismo fue el último regalo del duque blanco a la
humanidad y solo hasta que lo escuchamos completo pudimos entender su verdadero
significado.
Las nuevas generaciones podrán acercarse a él con respeto y curiosidad, tal
vez quieran entenderlo como la obra de culto que es, pero únicamente los que
vivimos su gestación sabemos el por qué es tan trascendental y podemos
defenderlo no solo como álbum musical, sino como una pequeña mirada a lo que
sea que hay del otro lado… Bowie lo vio y quiso hacernos un “spoiler” y
sí, puede ser que lo que haya en esa dimensión no sea tan fácil de entender al
principio, pero una vez que adquiera sentido, descubriremos que es hermoso de
una manera extraña. “Blackstar” de 2016 por Bowie sigue siendo, hoy en día,
la despedida definitiva de un artista musical.

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