A principios de diciembre de este 2025 se cumplirán 45 años del asesinato
de John Lennon, un acontecimiento de connotaciones trágicas incalculables y que
alteró el curso de la música y de la historia permanentemente. La verdadera
catástrofe fue esta y no la existencia de Yoko Ono ni su supuesta implicación
en la separación de la banda más grande de todos los tiempos como a muchos les
gusta creer. Lennon, una persona sumamente dañada y contradictoria estaba poco
a poco empezando a madurar y a darse cuenta de los errores que había cometido a
lo largo de su vida cuando esta última le fue arrebatada de manera cobarde. El
homicida, un Don Nadie falto de gracia en todo sentido ni siquiera resultó ser
lo suficientemente interesante como personaje para que algún grupo de
trastornados creara un culto alrededor de él, no. Hoy en día, el sujeto se
pudre tras las rejas y ni siquiera parece ostentar el título de ser humano más
odiado relacionado a los Beatles, ya que ese honor nadie se lo quita fácilmente
a la Yoko.
Esto es absurdo por donde se le mire. No entraremos a debatir sobre las
razones por las cuales los Beatles decidieron poner punto final a su alianza ya
que sobre ese asunto han corrido ríos de tinta, enfoquémonos por esta ocasión
en la figura de John Lennon y su otra mitad, la señorita Ono. Actualmente,
algunos opositores a la figura del Beatle rebelde argumentan que este era un
hipócrita porque se manifestaba a favor de la paz, pero en realidad era un tipo
agresivo que le hizo mucho daño a su primera familia (sí, la que tuvo antes de la
japonesa), además de ser alguien sarcástico y confrontativo con sus allegados.
Definitivamente, la personalidad de Lennon era complicada y el flanco más obvio
por donde atacarle es precisamente su mayor éxito como artista solista, la
canción “Imagine”, esa dulce melodía atea comunista que nos invita a soñar con
un mundo color de rosa y que suaviza hasta al más blindado de los corazones.
Esa canción… De las mejores jamás compuestas y universalmente reconocida
como un himno a los valores más elementales de la raza humana no nació de la
inspiración solitaria del ex Beatle John, sino que le debe muchísimo a la misma
Yoko Ono. Era un secreto a voces desde que en el videoclip original se contaba
con la presencia silenciosa de Yoko que ella había sido al menos la musa que
ayudó a canalizar los complejos sentimientos de John y darles forma, pero
posteriormente en el año 2017 salió finalmente a la luz que ella escribió parte
de la icónica letra y que le correspondían créditos, lo cual venía por fin a
traer un poco de justicia poética a esa mujer que tanto desprecio debió
soportar por parte de quienes la veían (de forma bastante misógina) como una
simple entidad disolutora de leyendas.
Hay otro aspecto curioso sobre “Imagine” (1971) y es que su progresión de
acordes es muy similar al de una olvidada/oscura canción de los 60´s llamada “That´s
My Life” que habla sobre un marinero que anda por la vida a la deriva,
aprendiendo, conociendo, sufriendo… Y que fue cantada por un señor de nombre
Alfred “Freddy” Lennon. Sí… El padre del mismísimo John, quien luego de la
explosión de la Beatlemanía quiso -de manera oportunista- aprovechar su
apellido y llamar la atención de los medios de comunicación para intentar
labrarse una carrera artística propia. No funcionó.
Las relaciones familiares de John Lennon fueron tan disfuncionales que no
se podía esperar otra cosa más que una hecatombe introspectiva que se tradujera
en arte de tremenda calidad (porque además él contaba con el talento y lo
desarrolló). Abandonado por su padre, atravesando la pérdida (fallecimiento) de
su madre a temprana edad, un primer matrimonio apresurado y la presión de ser
una de las personas más importantes del mundo (de aquél entonces) apenas
empezando sus veintes no podía ser más que un cóctel molotov que le llevara a cuestionarse
todo alrededor. Sin embargo, lo que no se le puede atribuir, aunque muchos
quieran, es maldad pura. Tenemos a un hombre sensible (por algo fue de los
artistas más relevantes de su generación) que tenía que enfrentarse a un mundo cambiante
y seguir siendo el mejor de todos.
Lo cierto es que no lo logró sin un poco de ayuda. Yoko, los otros Beatles,
el apoyo de sus seguidores… No se justifican sus agresiones a la señora Cynthia
(ex esposa), las cuales ya están más que documentadas a este punto, pero si se
va a analizar a Lennon hay que hacerlo de manera integral y sí, reconociendo
que fue sumamente imperfecto y criticable, pero que llegó a un punto en su vida
en que adquirió consciencia de esa situación y estaba dispuesto a enmendarla…
Coincidiendo casualmente ese momento con la iniciativa de alguien que no tenía
nada que ver con él y que decidió de -manera totalmente arbitraria- que había
que ponerle un alto. A los cuarenta años, John sentía que por fin las piezas
estaban empezando a encajar, pero fue esa misma edad en la que su voz fue
silenciada para siempre y ni siquiera podemos comprender por qué.
Lo que muchos no entienden de “Imagine” es que no era una declaración
política ni una exposición de ego. John Lennon no era alguien egocéntrico ni
alguien que te impusiera una doctrina, era un hombre que fantaseaba con un
mundo mejor y sabía perfectamente que eso era prácticamente imposible de
conseguir. Se criticaba constantemente a sí mismo y siempre cuestionaba si el
camino que estaba siguiendo era el correcto. “Imagine”, por ende, es la canción
utópica por excelencia. Nos invita a detenernos por un momento de todo y a reflexionar…
No necesariamente a cambiar, pero si a reflexionar.
Y bueno, el otro día pasé por la tienda y noté que estaban vendiendo un
disco de 45 de este tema y decidí traerlo a casa, pero este tenía algo
especial... No era la canción original, sino una versión. De cientos y cientos
de “covers” que se han hecho, es totalmente válido preguntarse la razón por la
que esta en particular destacaba sobre el resto, y la respuesta en realidad es
simple: Es cantada por Julian Lennon, el primer hijo de John. Una vez que
llegué a casa y saqué el pequeño disco de su empaque descubrí que era de color
blanco y que su lado B no tenía ninguna etiqueta, de modo que la canción que se
encontrara ahí viene a ser un completo misterio, una sorpresa.
Pero antes de pasar al análisis musical propiamente, hablemos un poco de Julian. La relación de este con John fue bastante complicada y nunca consiguió enmendarse del todo. Para cuando John murió, estaban empezando a darse vestigios de una reconciliación con su hijo, pero lamentablemente la misma nunca llegó a concretarse. Julian le resentía muchas cosas a su padre, sobre todo el haber abandonado a su primera familia para irse con Yoko Ono y nunca haber estado demasiado presente para él.
Evidentemente, la extrema fama del Beatle también influyó en que Julian
quisiera desligarse de su figura y buscara construir un nombre propio, llegando
incluso a decir que jamás interpretaría la famosa canción de cabezera a menos
de que fuera el fin del mundo. Pues bueno, el tiempo pasó y Julian finalmente llegó
a la conclusión en el año 2022 de que el fin se acercaba con motivo de la
guerra entre Rusia y Ucrania, por lo que el momento correcto para recitar la
icónica letra de “no hay infierno debajo de nosotros, arriba sólo cielo” había llegado.
¿Qué es entonces lo que podemos encontrar en el pequeño vinilo?
LADO A:
El cover que Julian nos presenta es muy fiel a la versión de base y es
bastante sencillo, aunque efectivo y lleno de sentimiento, además de
impecablemente presentado. Se sustituye el piano por una guitarra acústica y,
básicamente, el ritmo es marcado por esta y complementado por la voz que, valga
decir, es sorprendentemente similar a la del Lennon original. Aunque el
sencillo no sorprende y no supera a la famosa “Imagine” de 1971, cumple su
cometido y es más su valor simbólico que de propuesta musical, ya que funciona
tanto como un llamado a la unidad y al fin del conflicto bélico como una reconexión
de lazos familiares a destiempo entre padre e hijo.
LADO B:
La sorpresa resultó ser que, si le damos vuelta, no hay nada… Literalmente
es un disco en blanco en todos los sentidos; blanco de tonalidad, blanco de que
carece de contenido y blanco por el ruido que emite a volumen bajo. Lo único
que tiene es la palabra “Imagine” escrita dos veces, pero no incluye música
grabada. Aunque parezca una decisión extraña, lo cierto es que esto viene a
reforzar aún más el mensaje de la primera y única pista, dotándole así de una
fuerza adicional. Lo que se tenía que decir se dijo y punto, no queda ya nada más
por agregar.
La relevancia de “Imagine” como pieza conceptual radica en su poder para acercar mundos, generaciones y unificar familias. En la mera mitad de la década de los dos mil veinte, esta tonada de hace más de medio siglo se sigue imponiendo como una declaración y exige ser escuchada. En un mundo cada vez más dividido, infestado de inteligencia artificial y en donde está surgiendo una tendencia al autoritarismo (Costa Rica por ejemplo), este tipo de música es importante, no la ignoremos.

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